Archivo mensual: agosto 2015

GADIFER DE LA SALLE.

Un taxi me traslada, desde el aeropuerto de Fuerteventura, hasta el Hotel Bahía Real de Corralejo. Son las 16,30 horas, del 10 de Mayo de 2014. Pronostican una temperatura, que oscilará entre los 26 grados de máxima y los 18 de mínima. Mientras me dirijo al mostrador de recepción, abarco con una fugaz mirada, el Hall del hotel, bañado en una viva luz, que se recrea en las líneas proporcionadas de la estructura, y resbala sobre los tonos pastel de los muebles y los diferentes elementos decorativos. Ramos de flores, descansan en búcaros y vasos, mientras reina un absoluto silencio.

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– Buenos días, señor. ¿ Desea una habitación?

– Oui, bonjour.

Entrego maquinalmente la documentación, distraído en un sinfín de pensamientos.

– Monsieur Gadifer de la Salle, natural de Thouars… ou ist Thouars?

– Está en el Poitou, capital Poitiers…, Angoulême…, el puerto de La Rochelle…

– ¡Ah! Habla usted muy bien español. ¿Cuánto tiempo estará con nosotros?

– Solamente un día.

El recepcionista, observa con extrañeza, al hombre que se aleja, no muy agraciado, de mediana edad y que ha pedido la habitación 309. Un raro turista, de cabellos rubio tabaco, que se adivina fuerte, que no ha venido en grupo y que, además, solo va a permanecer un día.

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Una esbelta camarera, vestida con una original indumentaria, le abre una habitación amplia, frente al mar.

Cae la tarde, muy lentamente, aún rica en luz, sobre las arenas ocres y los negros riscos, abrazando la mar azul, el marrón chocolate del islote de Lobos, plantado sobre ella, mientras Lanzarote es, más alejada, solo un pespunte de casitas blancas, cuya imagen, va diluyendo una sucia bruma, que la va sepultando en una noche negra, en la que, las luces, cada vez más cercanas, van apareciendo, flotando sobre un océano silencioso. Por la parte de Levante asciende, lentamente, la luna, como un enorme balón pinchado.

“Plus tard, Gadifer quitta Rubicon dans son canot… -Más tarde, Gadifer dejó Rubicón (en Lanzarote), en su bote, acompañado de Remonnet de Levadan y de muchos otros y pasaron a la isla de Lobos, para coger pieles de lobos marinos, porque los compañeros tenían una necesidad urgente de calzados”.

Estuvieron algunos días hasta que les faltaron los víveres, porque es una isla desierta sin agua dulce. Gadifer mandó retornar el barco, para Rubicón, a Remonnet, a recoger víveres, para que volviera el lunes, pues solo podían resistir dos días más.

Gadifer ignoraba que había sido traicionado por Bertín de Berneval y él y los diez hombres que le acompañaban, estuvieron en peligro de muerte, por la falta de víveres, durante ocho días: “Toutes les nuis metoit un drap linge dehors a la rozée du cyel, puis le teurdoit et buvoit les goutes pour estancher la soif”…(Dejaba todas las noches un paño al relente nocturno y lo retorcía a la mañana para, bebiendo las gotas, apaciguar la sed).

Era Octubre de 1402. Gadifer intenta imaginar, la perspectiva, desde la pequeña isla de Lobos, ya, desde hace mucho tiempo, sin lobos marinos, de este sitio, ocupado ahora por el magnífico hotel y que, entonces, se veía como un desierto de arena.

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Dos gaviotas dibujan una mañana espléndida. Los gorriones acuden, atrevidos, a la azotea. Me dirijo al piso bajo, donde le petit-déjeuner, no se ajusta a su nombre y es, más bien, un desayuno pantagruélico y exquisito.

Un pequeño jardín, protegido por los cuatro costados, con el propio edificio del hotel, se muestra exuberante y tropical.

Cuando, a las once de la mañana, me dispongo a abandonar el edificio, muy despacio, pienso con tristeza que, a pesar de disponer de toda una eternidad, no puedo, como quisiera, permanecer más de un día, en este extraordinario lugar.

Nota.- (Gadifer de la Salle, junto a Jean de Bethencourt, conquistaron Lanzarote en 1402 y, posteriormente, la isla de Fuerteventura).

Antonio Olmedo Manzanares.

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