Cuarentena: Villanueva de los Infantes.

Ayer, día del libro, 23 de Abril de 2020, acababa la cuarentena (cuarenta días), pero sigo en mi refugio de Campo de Criptana. Eso no me impide desplazarme con la imaginación a Villanueva de los Infantes, ciudad monumental, abarcable, con solo 5.030 habitantes, que “no es antigua, antes es muy nueva, y no se sabe de qué tiempo a esta parte se fundó ni quien fuese su fundador, ni se cree que se ganase a los moros. Es cabeza de gobernación del Campo de Montiel donde reside la justicia mayor. Cae en el priorato de Uclés de la provincia de Castilla”.

En 1645 murió en esta ciudad, Francisco de Quevedo, en una celda del convento de Santo Domingo.

“Tiénese por tierra sana y se ve que lo es claramente porque hay viejos y pocos enfermos. Cógese en esta villa trigo, cebada, que ésta se da bien, y vino; críanse en las dehesas, ovejas, carneros de buena lana fina, vacas, yeguas, puercos, asnos, gallinas en cantidad, cabras, mulas… aquí hallarán el recuerdo de “Fray Tomás de Villanueva, fray Antonio de San Miguel, de la orden de San Francisco, obispo que fue de Montemorano, y ahora es arzobispo de Lauciano en el reino de Nápoles, y el doctor Francisco de Ábrego, de la orden de Santiago, prior que fue en el convento de Uclés y obispo de Panamá en las Indias”.

Tiene esta villa mil casas y mil trescientos vecinos; mil de cristianos viejos, y trescientos de moriscos. Todos los más vecinos son labradores sino son cuarenta casas de hijosdalgo”.

Comúnmente la gente de la dicha villa todos tienen de comer y de qué sustentar, hay muy pocos pobres naturales”.

Hay vicario, notario, y alguacil fiscal; hay gobernador y su teniente y alguacil mayor y dos tenientes y más cuando sean menester, y escribano de gobernador y alcaide de cárcel; hay diez y siete regidores… del Campo de Montiel…

El Infante don Enrique, maestre de Santiago, la hizo villa en el siglo XV, cuando se llamaba la Moraleja, aldea dependiente aún de Montiel, y en el XVI, se convertía en la capital, de los dieciocho pueblos del Campo.

En 1773 tenía ya 1.528 vecinos, incluidos 33 eclesiásticos, y cinco conventos. Y a principios del siglo XIX, alcanzaba los 7.492 habitantes. Su altitud de 880 metros sobre el nivel del mar, es común, o superada, por todos los pueblos del Campo. Si la extensión del municipio alcanza los 135,06 kilómetros cuadrados, la ciudad es pequeña, y es un placer pasear por sus calles, pródigas en bellos edificios, con sus puertas blasonadas… los conventos de Santo Domingo, San Francisco, Franciscas…

Ha amanecido ya en Campo de Criptana, el día es luminoso y el sol resbala sobre los tejados asimétricos y cuidados, sobrepasa ya, la torre de la Iglesia de la Asunción, e ignora en su marcha, a los molinos situados a su derecha… Que buen día sería también, para bajar a la bellísima plaza, de Villanueva de los Infantes, dónde han fijado su residencia, Sancho y Quijote, apeados de sus monturas y que parecen siempre, gozar, del ambiente festivo de esta plaza.

Con salud, el abrazo hermano, de estos dos pueblos manchegos.

Antonio Olmedo Manzanares.

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