VILLAHERMOSA.

En la Provincia de Ciudad Real. Su Población 1.854 habitantes, Superficie 363 kilómetros cuadrados y elevación 956 metros.

¡Que nombre más apropiado!. Se lo puso don Enrique, Infante de Aragón y maestre de Santiago. Dícese que se llamó el Pozuelo. Está en el Campo y gobernación de Montiel.

El tiempo que ha que se fundó y quien fue el fundador no se tiene noticia, y tiénese por cierto que nunca fue de moros.

Pozuelo (1 legua grande)

I

Fuenllana (1 legua grande)—Villahermosa— Villanueva de la Fuente (3 leguas)

I

Montiel (1 legua pequeña)

Los años que son húmedos suelen causar tercianas y cuartanas (malaria o paludismo), sobre la gente, porque el agua es somera y en años lluviosos se hacen fuentes en las propias casas.

Habrá en esta villa al presente cuatrocientas casas y quinientos vecinos, la mayor parte de ellos labradores y señores de ganado. El número de hidalgos serán hasta doce casas.

Los linajes más antiguos son de los propios fundadores: los Muñoces, de los cuales hn quedado pocos, y los Merchantes y Ruiz Martínez, Gallegos, los Moyas, y los Rodríguez y Catalanes y Castellanos.

Este pueblo es pasajero de Cuenca a Granada y asímismo de Valencia a Calatrava.

Parece cosa notable la buena orden que hay entre los vecinos de esta villa en que casi ninguno en días de trabajo dejan de entender en sus trabajos y ejercicios de tal manera que casi aquellos días hay pocos con quien conversar, de la cual ocupación parece resultar vivir en esta villa con más bienes temporales que en otra.

Las mujeres son de la misma orden, se dan a trabajar y ya sea por esta causa y más verdaderamente por ser virtuosas. En este particular es alabada esta villa de mujeres castas.

Hay grande curiosidad de no casarse con personas que sean de linaje de moros o judíos.

Elijo un Domingo, para llegar a este pueblo, con la seguridad de hallar la Iglesia abierta y encontrar en ella, a casi todos los habitantes del pueblo. Aunque pienso realizar dos viajes más, en cualquier día laboral. Con esa intención, el 8 de septiembre de 2019, llego a la plaza, a las 11,45 horas de la mañana. Una preciosidad de Iglesia, frente a ella, dos bares y, ocupando todo un lateral de la plaza, el Ayuntamiento. Todo cerrado, sin un alma por ningún lado y ya voy a marcharme, después de llamar en alguna puerta, dónde me den razón de este hecho insólito, cuando veo aparecer una pareja, de unos cincuenta años. Rápido, me dirijo a ellos, mostrando mi extrañeza:

– Sabía, por las Relaciones, que en este pueblo, era difícil encontrar con quién conversar, porque todos están en su labor, incluso las mujeres que aseguraban que eran castas. ¿Dónde está la gente? Está todo cerrado. Ya iba a llamar en alguna casa, ¿Habrá misa?.

Después de una amplia sonrisa de la mujer, me contesta el varón:

– Efectivamente, están todos en su labor. Pero, en este caso, con ocasión de la Romería de la patrona la Virgen de la Carrasca. En su ermita los encontrará a todos y, después incluso, tienen una corrida de toros…

El domingo, día 15, una semana más tarde, vuelvo al mismo lugar y a la misma hora, encontrándome, esta vez sí, la Iglesia y los bares abiertos. Aprovecho que está aún vacía (la misa es a las 12,30 horas), para hacer unas fotos y cruzar a un bar de enfrente, para esperar la hora. Un gato cojo, me acompaña enseguida, a la mesa de la terraza del bar La Herradura. Un gato triste, blanco y tabaco. La atmósfera muy limpia y el sol solo vestido con unas minúsculas nubes, que pronto crecen y parecen ya preñadas, de un agua futura.

Vuelvo al precioso interior del templo, que comienza a llenarse rápidamente. Observo el gran órgano colgado en un lateral, las amplia bóvedas…

Por detrás, avanza, por el pasillo central, un cortejo compuesto por doce monaguillos, cinco muchachas y siete muchachos, en una adolescencia ya crecida y con el cura oficiante, alto y de mediana edad, cerrando el cortejo. En los primeros bancos, se ha colocado un coro de voces mixtas, acompañadas por clarines, guitarras y trompetas, que cantan y tocan:

«Que detalle, Señor, has tenido conmigo…»

Las voces y la música, exquisitamente interpretada, llenan el templo durante unos minutos:

– Perdón y gracias, proclama el sacerdote. Me recibisteis hace cinco años, con el mismo canto con el que, ahora, me decís adiós. Perdón por todas las veces que os he fallado y gracias por vuestro acogimiento. El obispo me envía a otro lugar, pero sabéis que siempre estaré con vosotros.

Acabada la misa, todo el pueblo está invitado y participa de la despedida de su Párroco Jesús, y yo salgo del templo, después de echar una última ojeada al excelente retablo.

En 1444 el infante don Enrique le dio privilegio de villazgo. En 1773 tenía 635 vecinos pagadores, trece eclesiásticos y sesenta y tres pobres. En 1940, 6.161 habitantes y numerosos manantiales.

Con menos habitantes que en el siglo XVI, y compartiendo el sentimiento de los pueblos de la España Vacía, que afecta a casi todos los del Campo de Montiel, a Villahermosa se la ve feliz, limpia, ordenada y recogida. Y yo recuerdo, que supera en mucho, la altura del Pico de la Zarza, el más elevado de la isla de Fuerteventura..

Antonio Olmedo Manzanares.

De mi libro La Mancha de don Quijote II

Campo de Montiel.

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