EL CORTEJO.

Hubara Canaria, Chlamydotis undulata fuertaven...

Hubara Canaria, Chlamydotis undulata fuertaventurae (Photo credit: juan_e)

¡Qué hermoso tu perfil!
¡Qué bella tu gracia!
¡Cómo avanzas, altiva la cabeza
sobre tu largo cuello erguido!
¡Cómo derramas la luz
que descansaba en tu librea de plumas!
Giras y giras, dibujando en la tarde, lazos que me encelan.
¡Cómo, orgulloso,
me ofreces, sin nido, tu corazón caliente!                       

                                                                                             

H U B A R A

En este atardecer dorado, del corto mes de Noviembre, avanzo con un paso, que quiere ser sigiloso, y no me lo permite mi nieto Angel. Mientras yo extiendo la mirada, sobre la falsa llanura de Pescenescal, buscando la Hubara, él me entorpece, con el asombro que le produce todo lo nuevo: las hormigas, la fruta de espino, la flor de la aulaga. Y la Hubara es esquiva y, además, se mimetiza, perfectamente, con este pardo ecosistema. ¿Tú sabes, Angel, que los pollos de la Hubara, recién nacidos, son ya capaces de desplazarse, junto a su madre y, ante cualquier peligro, permanecer inmóviles, camuflándose en el entorno terroso, o tras de una mata?

La Hubara es símbolo de Fuerteventura y está en peligro de extinción. Lo normal es que ponga solo dos huevos, que la hembra incuba, durante veinte días. Comen de todo, desde pequeños invertebrados hasta briznas de planta. Como digo, en mi pequeño poema, no tienen nidos y, a pesar de su gran envergadura, suelen pasar desapercibidas. Solo los machos adultos, durante los meses de Noviembre o Diciembre, por llamar la atención de las hembras, pierden la compostura, situándose en pequeñas altos, desde donde realizan carreras espectaculares, con giros y ruedas, mientras despliegan, al mismo tiempo, cola y alas, levantando hacia adelante las patas, frenando en seco y vuelta a empezar, una y otra vez, luciendo, altaneros, sus plumas guías negras y blancas. Con semejante espectáculo, ofrecido en su honor, a la hembra no le queda sino claudicar.

En mi vieja tierra manchega, a la Hubara la conocemos como Avutarda. En los extensos términos, de Alcázar de San Juan y  Campo de Criptana, 666,78 y 302,41 kilómetros cuadrados (969,19), superiores en superficie, a las islas de La Gomera, el Hierro y la Graciosa juntas, o donde cabe, holgadamente, la isla de Lanzarote, antes más que ahora, la avutarda, junto a la perdiz, conejo y liebre, gozaba de enormes estepas, trigales, o zonas de humedales, surcados por los ríos Cigüela, Záncara, Guadiana Alto y Amarguillo, muchas veces secos, pero sobre el seno oculto del río Guadiana y el Acuífero 23. Fuerteventura, con sus desnudas lomas, su vejez, de 22 millones de años (la más antigua de las Islas Canarias) y sus 19 molinos y molinas, siempre, y en cada momento, me han trasladado, a La Mancha. 

Antonio Olmedo Manzanares.

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