Hambre y muerte.

Hace 25 años, en estos días de Abril de 1994, se produjeron las horribles matanzas (de 500.000 a dos millones de muertos), en Ruanda.

“Serán, probablemente, las cuatro de la tarde. Un calor agobiante cae sobre los cadáveres putrefactos, sembrados de moscas.

Hace mucho calor en Freetown.

La larga hilera de mujeres, hombres y niños, avanza despacio hacia el punto donde tres jóvenes, vestidos con un sucio uniforme de camuflaje, con los machetes ensangrentados, privan de un miembro a todos los que componen la fila. Carne negra, amputada por carne negra.

Les dejan elegir: ¿Mano derecha? ¿Mano izquierda?. Los mutilados, ya no serán nunca peligrosos enemigos.

Es inútil salir de la macabra fila. Los cadáveres de los que lo intentaron, yacen acribillados a balazos, en el lodo.

Mame Coumba acaba de aprender a leer y escribir. Nuevos mundos de ilusión se asoman a su fértil imaginación, mientras garabatea los primeros signos de la escritura. No duda ni un momento. Se adelanta al soldado y le tiende la mano izquierda, sabiendo que así su mutilación no será total.

El soldado la mira feroz. El machete golpea dos veces y la niña se queda sin las dos manos.

¡Dios mío! !Dios mío…! ¿Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza?”.

Antonio Olmedo Manzanares.

(De mi libro, de aquellos tiempos, Servilletas de Papel).

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