Cuarentena en el desierto: HAFUDI.

Martes Santo, 07 de Abril de 2020, en mi retiro de Campo de Criptana. Son la 9 de la mañana, y sobre los tejados húmedos, caen las campanadas del carillón del Ayuntamiento, en un día gris que amenaza lluvia….

Hafudi, apenas cuenta cuatro años. Hijo de Detya, tiene la cara redonda y una risa siempre abierta, sembrada con los blancos piñones de sus dientes.

A Hafudi siempre lo vi descalzo, parecía no sentir el fuego del suelo. Me lo izaron, en la despedida, al camión, y lo bañé con mis lágrimas, en mi último abrazo.

– ¿Qué hace Hafudi?

Hafudi se está comiendo las breves hojas del arbusto espinoso. Las pruebo yo mismo y están buenas.

¿Dónde esta Hafudi?

Hafudi, con pedradas certeras, agrupa hasta quince camellos, que lo miran, despreciativos, desde su jorobada altura.

Más tarde, Hafudi, en la jaima, mira durante horas con sus ojos, inmensamente abiertos, a los mayores, hablando en un idioma que, por desgracia, aún no conozco.

Hafudi quiere participar en todos los bailes, se agarra a todas las melfas de las mujeres y rueda siempre, amada pelota de carne, por el blando piso de la jaima.

Hafudi, será siempre la herida abierta que, el destierro del pueblo saharaui, dejó en mi corazón.

Que os sea leve la cuarentena, y manténganse con salud y en casa.

Antonio Olmedo Manzanares.

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