Viernes Santo, en Soledad: Campo de Criptana.

El año 1950 fue el primer hito de mi memoria escrita. Había cumplido en Mayo los seis años, y en un otoño incipiente, me acompañó mi madre, desde la calle Alto número 2, a la escuela del cerro de la Virgen de la Paz, que se había inaugurado el 25 de abril, de este mismo año, también como unitaria de niñas. De Don José María, mi maestro, guardo aún viva en la memoria, su entrañable bondad.

Pero mucho antes, mi madre que cosía muy bien, se ocupaba en la confección de un traje de nazareno que al fin vestía en la procesión del Viernes Santo del 7 de Abril, en un frío amanecer, encabezando la fila verdiblanca de los cofrades del Cristo de la Expiración. Aún rememoro las notas tristes de la banda, silenciando por momentos, el seco redoble de los tambores, y el cansancio sin pesar, de las largas horas caminando, asomándome y mirando, a través de las aberturas del capirote, las filas de rostros tristes, sobre las aceras oscuras….

Y, después de siete años de ausencia, en una juventud desconocida, de inquietud y desesperanza, escribía a los 17 años, sobre la Semana Santa de 1961…

¡Primavera! ¿Has vuelto?

Hay nuevos brotes en los viejos árboles, y sin embargo, mi fe ha muerto con tu llegada.

Cuando se levantan pesadas cruces en el calvario y, una procesión de carátulas, marcha hacia él, a hombros de redobles y trompetas, mis ojos suben hacia lo alto, sin descubrir nada.

¡Que marco tan estrecho! Llueve sin cesar y mi espíritu está aterido. Llueve sin cesar sobre Jerusalén.

Todos cubiertos con capirotes de payaso, pero yo estoy desnudo.

– Desnudo porque quieres. Ponte la máscara y verás un pasillo largo pero enfilado hacia Dios. Ponte la Máscara, y aunque lo pretendas, no podrás mirar a los lados del camino.

Estoy desnudo y solo. Dicen que un Nazareno lleva la verdad a cuestas, pero él no me ha mirado.

Llueve sobre Jerusalén y la tierra se abre, aún sedienta. Y los cielos rasgan, en hilachas de luz, sus moradas túnicas.

En cualquier calleja cristiana, al amanecer, penderá de una horca, un judas de trapo.

En la calle Soledad, de Campo de Criptana, a 10 de Abril de 2020, en casa.

(En mis libros Servilletas de papel y La Mancha de don Quijote I).

Antonio Olmedo Manzanares.

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