FUERTEVENTURA

Artículos sobre la Isla de Fuerteventura, sus paisajes, su gente, su fauna y flora, sus leyendas, tradiciones, historia…

EL BARCO DEL DESIERTO

¡»Oh Fuerteventura isla africana

sufrida y descarnada cual camello»!

Unamuno, en su libro de Fuerteventura a París, solapa y define en unos versos, su certera visión de la isla y del animal ungulado: «La camella es casi esquelética y Fuerteventura es casi un esqueleto de isla«, dice.

Monumento a Miguel de Unamuno en Montaña Quemada, Fuerteventura

Monumento a Miguel de Unamuno en Montaña Quemada, Fuerteventura

Muchas veces he pensado que hay inmigrantes que llegan a una tierra, a nacer de ella. Y, el camello, aunque no sea oriundo de la isla, ha hecho méritos suficientes, para poder llevar la etiqueta, de individuo destacado, de la fauna majorera. Ya había más de 4.000 ejemplares, al poco tiempo de ser traídos de Africa, por los conquistadores normandos.

Conocemos como camello, a lo que en realidad es un dromedario (de una joroba). Los árabes le llamaban jamala (barco del desierto) por su capacidad de almacenar agua, en los cuatro compartimentos del estómago (hasta 180 litros bebe de una vez), e irla dosificando, durante muchas jornadas de trabajo, o a través de largos viajes, portando cargas pesadas. A la vez, hace acopio, de grasas suficientes, en la giba, como reserva de alimentos.

En uno de mis anteriores escritos recogía que, a partir del oasis de Amón y en dirección Oeste se suceden los túmulos y lugares habitados en el Sáhara, desde muy antiguo, a diez días de marcha unos de los otros. A razón de 40 kilómetros por día, cada etapa dista 400 kilómetros de la siguiente. Solo este portentoso animal, podría cubrir estas etapas.

El Corán, Sura 6-aleya 144, subraya que, Alá, ha creado para el hombre, cuatro parejas de reses: hembra y macho, de ganado ovino y caprino, y hembra y macho, de ganado bovino y camélido (chamal). Mahoma, pastor de niño y austero hombre del desierto, siempre, aconseja a las tribus lo que más les favorece. El camello es muy valioso: da leche, su carne es sabrosa, la piel es buena para curtirla, proporciona también lana y hasta el estiércol seco sirve como combustible en las frías noches del yermo.

Camello-2

Camello: barco del desierto

Recuerdo la primera vez que, en mi pueblo natal, me subieron a una mula, tenía solo seis años y el asombro y el vértigo me embargaron. En el año 2004, en Morro Jable, hice de rey Baltasar y cuando me instalé en el promontorio de la giba del camello, más de dos metros de alto, sentí la misma sensación. Con mi mano izquierda me asía fuertemente al pomo de la tosca silla, mientras con la derecha derramaba caramelos, durante horas, sobre la ilusión mágica de unos niños en noche de Reyes. Durante un mes tuve la  mano herida y aún no puedo olvidar… ese bamboleo… ese arrodillarse… ese brusco levantar… y, sin embargo, también rememoro, en mi libro Servilletas de Papel a Hafudi, niño de cuatro años, como dominaba a pedradas, a 15 camellos, en la desolada Hamada de Tindouf.

Ciro el Grande, Rey de Persia, en el año 546 a.de C. ganó una importante batalla, contra los Lidios, enfrentando a sus camellos, contra la caballería lidia, que huyó despavorida. (Los caballos se asustan y aborrecen incluso el olor a camello).

El 21-10-1740, desembarcaba en Tarajalejo, una balandra corsaria, con 50 hombres bien armados. Efectuaron robos en la aldea de Tuineje y saquearon la ermita de San Miguel. El coronel D. Joseph Sánchez Umpiérrez, que dormía a dos leguas del lugar, parlamentó con los corsarios para ganar tiempo, hasta recibir una recua de 40 camellos que colocó, como hiciera Ciro,  2.286 años atrás, en la primera fila del combate. De los 50 corsarios, 30 quedaron muertos y 20 fueron hechos prisioneros.

Pocos días después, el 29, desembarcaron otros 55 corsarios pero, esta vez, ninguno quedó con vida. Desde entonces, todos los años, se celebran en Tuineje, unas fiestas con vistosos desfiles, conmemorando la batalla de Tamasite.

Desnuda la montaña en que el camello
buscando entre las piedras flor de aulaga
marca en el cielo su abatido cuello.

Miguel de Unamuno.

Antonio Olmedo Manzanares.

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EL CORTEJO.

Hubara Canaria, Chlamydotis undulata fuertaven...

Hubara Canaria, Chlamydotis undulata fuertaventurae (Photo credit: juan_e)

¡Qué hermoso tu perfil!
¡Qué bella tu gracia!
¡Cómo avanzas, altiva la cabeza
sobre tu largo cuello erguido!
¡Cómo derramas la luz
que descansaba en tu librea de plumas!
Giras y giras, dibujando en la tarde, lazos que me encelan.
¡Cómo, orgulloso,
me ofreces, sin nido, tu corazón caliente!                       

                                                                                             

H U B A R A

En este atardecer dorado, del corto mes de Noviembre, avanzo con un paso, que quiere ser sigiloso, y no me lo permite mi nieto Angel. Mientras yo extiendo la mirada, sobre la falsa llanura de Pescenescal, buscando la Hubara, él me entorpece, con el asombro que le produce todo lo nuevo: las hormigas, la fruta de espino, la flor de la aulaga. Y la Hubara es esquiva y, además, se mimetiza, perfectamente, con este pardo ecosistema. ¿Tú sabes, Angel, que los pollos de la Hubara, recién nacidos, son ya capaces de desplazarse, junto a su madre y, ante cualquier peligro, permanecer inmóviles, camuflándose en el entorno terroso, o tras de una mata?

La Hubara es símbolo de Fuerteventura y está en peligro de extinción. Lo normal es que ponga solo dos huevos, que la hembra incuba, durante veinte días. Comen de todo, desde pequeños invertebrados hasta briznas de planta. Como digo, en mi pequeño poema, no tienen nidos y, a pesar de su gran envergadura, suelen pasar desapercibidas. Solo los machos adultos, durante los meses de Noviembre o Diciembre, por llamar la atención de las hembras, pierden la compostura, situándose en pequeñas altos, desde donde realizan carreras espectaculares, con giros y ruedas, mientras despliegan, al mismo tiempo, cola y alas, levantando hacia adelante las patas, frenando en seco y vuelta a empezar, una y otra vez, luciendo, altaneros, sus plumas guías negras y blancas. Con semejante espectáculo, ofrecido en su honor, a la hembra no le queda sino claudicar.

En mi vieja tierra manchega, a la Hubara la conocemos como Avutarda. En los extensos términos, de Alcázar de San Juan y  Campo de Criptana, 666,78 y 302,41 kilómetros cuadrados (969,19), superiores en superficie, a las islas de La Gomera, el Hierro y la Graciosa juntas, o donde cabe, holgadamente, la isla de Lanzarote, antes más que ahora, la avutarda, junto a la perdiz, conejo y liebre, gozaba de enormes estepas, trigales, o zonas de humedales, surcados por los ríos Cigüela, Záncara, Guadiana Alto y Amarguillo, muchas veces secos, pero sobre el seno oculto del río Guadiana y el Acuífero 23. Fuerteventura, con sus desnudas lomas, su vejez, de 22 millones de años (la más antigua de las Islas Canarias) y sus 19 molinos y molinas, siempre, y en cada momento, me han trasladado, a La Mancha. 

Antonio Olmedo Manzanares.

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LA LUZ DE MAFASCA

…. el área comprende, en su mitad Oeste, varios llanos (de norte a sur: El Diviso, El Escaque, Llanos de Medina, MAFASCA, y Llanos de los Alares) que se prolongan hacia el Este, a través de valles abiertos (Valle Hondo, Barranco de la Boca, Barranco de Antigua, Barranco de la Torre y Barranco de la Boca de Pozo Negro…)

Las nubes entran sueltas desde el Oeste, se canalizan y fortalecen en el embudo de Ampuyenta y, después de salvar unas breves montañas, se desmandan y extienden hacia el Este, hasta Pozo Negro.

De día, llanuras pedregosas, solo sembradas de matos y aulagas, utilizan una solitaria palmera, como contrapunto necesario, para romper la monotonía del austero paisaje. De noche, la oscuridad y el silencio, atraen, aún hoy, a muchos, para seguir la lluvia de estrellas o recontar, pausadamente, las fijas.

Es el lugar ideal para alimentar La Luz de Mafasca. La leyenda cuenta que, en la noche de Navidad, unos pastores aprovecharon una cruz de madera, hito de una tumba, para cebar el fuego donde asaban un macho cabrío. En medio del sopor de la  duermevela de una pesada digestión, distinguieron el balido del animal sacrificado mientras su cabeza incandescente danzaba entre ellos.

Uno de los pastores murió en el acto y el otro huyó despavorido. Al día siguiente encontraron, los lugareños, el cadáver carbonizado del pastor, mientras la cruz permanecía intacta, sobre la tumba.

La extraña luz que brotó de aquellas cenizas acompañó, durante siglos, la imaginación de los majoreros:

– Yo no le tengo miedo -cuenta un viejo.

– Pues yo no quiero verla -añade otro.

– Eso debe ser las Animas en pena.

– A mí me embistió una noche.

– Yo no la he visto nunca.

– Eso era… era… eran los muchachos que se escondían para conejar.

– Yo sí la vi. No me hizo daño, pero no me gustó. Mejor que no vuelva.

El pasado mes de Marzo, se estrenaba en Fuerteventura, un largometraje rodado en Cofete, que con el pretexto de La Luz de Mafasca, se paseaba por otras leyendas… La PeregrinaLa Señora... en un film de terror, de mucha fantasía y poco rigor histórico.

Pero lo cierto es que, con la llegada de la electricidad y, sobre todo, del turismo a Fuerteventura, hasta los sitios solitarios se poblaron de cálidas luces y La Luz de Mafasca parece extinguirse.

Mas no hay que fiarse mucho, aunque la contaminación lumínica nos oculte las estrellas, éstas siguen existiendo. Os invito a realizar una prueba: Caminad, en una noche oscura, por la zona de Mafasca, en Antigua. O, mejor, en una, de Luna ausente, por la soledad virgen de Cofete ¡Asegurarme, luego, que La Luz de Mafasca no existe!.

Antonio Olmedo Manzanares.

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